Obesidad

Obesidad

La obesidad es una afección médica que se define como una acumulación anómala o excesiva de grasa corporal que puede poner en riesgo la salud de una persona. Las estimaciones mundiales indican que casi 2.300 millones de niños y adultos padecen sobrepeso y obesidad.

Si las tendencias actuales continúan, 2.7 mil millones de adultos podrían padecer sobrepeso u obesidad en 2025. La prevalencia de la obesidad en todo el mundo sigue aumentando, y actualmente se considera uno de los problemas de salud pública más importantes a los que se enfrenta el mundo en la actualidad.

La obesidad es un importante reto para la salud pública que afecta a casi todos los países del mundo. A nivel mundial, las tasas de obesidad han ido aumentando de forma constante durante las últimas tres décadas. En casi todas las regiones hay ahora más personas con obesidad que con bajo peso, y si las cifras actuales siguen aumentando, hasta 1.000 millones de adultos —el 12 % de la población mundial— padecerán obesidad en 2025.

El Atlas Mundial de la Obesidad 2022, publicado por la Federación Mundial de la Obesidad, prevé que, para 2030, mil millones de personas en todo el mundo, entre ellas 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 7 hombres, padecerán obesidad.

Aunque antes se consideraba un problema exclusivo de los países de renta alta, hoy en día la obesidad es un tema que suscita una preocupación cada vez mayor en muchos países de renta baja y media, donde actualmente reside el mayor número de personas con obesidad y donde los sistemas sanitarios y los profesionales de la salud están muy mal preparados para gestionar y tratar de forma eficaz la obesidad y sus consecuencias. Las tasas de obesidad siguen aumentando y se prevé que, para 2030, el número de personas con obesidad en todo el mundo se habrá duplicado con respecto a 2010.

Aunque la falta de avances en la reducción de la obesidad es un problema mundial, cada región tiene su propia realidad. En algunas zonas de Europa y América del Norte, la obesidad está empezando a estabilizarse, aunque se mantenga en niveles elevados, mientras que está aumentando con mayor rapidez en los países de renta baja y media (PRBM), así como en los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID), lo que supone una presión añadida para muchos países que también se enfrentan a la desnutrición.

Las tasas más elevadas de obesidad siguen registrándose en la región de las Américas de la OMS, tanto en hombres como en mujeres. Sin embargo, mientras que se prevé que en las Américas se produzca un aumento de 1,5 veces entre 2010 y 2030, se espera que las cifras en África se tripliquen para 2030: de 8 millones (2010) a 27 millones de hombres (2030) y de 26 millones (2010) a 74 millones de mujeres (2030).

Asia y África concentran casi tres cuartas partes del total de niños con sobrepeso de todo el mundo. En África, el número de niños menores de 5 años con sobrepeso ha aumentado casi un 24 % desde el año 2000, y casi la mitad de los niños menores de 5 años que tenían sobrepeso u obesidad en 2019 viven en Asia.

13%
de la población adulta mundial padece obesidad
3 mil millones
la gente no tiene acceso a alimentos saludables
17%
de las muertes por enfermedades cardiovasculares están relacionadas con la obesidad

La obesidad es un factor de riesgo clave para las enfermedades cardiovasculares que puede afectar a personas de todas las edades y condiciones socioeconómicas. Sin tratamiento ni un control adecuado, puede dar lugar a diversos problemas de salud, entre ellos enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedades renales y neoplasias. Vivir con sobrepeso y obesidad también puede acarrear graves consecuencias sociales y psicológicas para las personas afectadas. Por lo tanto, las iniciativas de salud pública dirigidas a combatir la obesidad pueden ayudar a mitigar el impacto de una amplia gama de enfermedades y afecciones.

A pesar de ser uno de los problemas de salud pública más importantes a los que se enfrenta el mundo en la actualidad, la obesidad sigue siendo objeto de una preocupante falta de atención en muchas partes del mundo.

¿Qué son la obesidad y el sobrepeso?

La Organización Mundial de la Salud define el sobrepeso y la obesidad como «una acumulación anómala o excesiva de grasa que supone un riesgo para la salud». Se puede medir e identificar de diversas formas, pero el método más utilizado es el índice de masa corporal (IMC), que se basa en la estatura y el peso de una persona para calcular si su peso es saludable. El IMC se define como el peso de una persona en kilogramos dividido por el cuadrado de su altura en metros. En adultos, un IMC superior a 25 se considera sobrepeso, y superior a 30, obesidad.

El IMC se aplica de la misma manera a los adultos de cualquier sexo y edad, por lo que constituye el indicador más útil a nivel poblacional para evaluar el sobrepeso y la obesidad. Sin embargo, debe considerarse una referencia aproximada, ya que puede que no corresponda al mismo grado de sobrepeso en diferentes personas.

Clasificación del IMC
18,5-24,99 – Peso saludable
≥25,00 – Sobrepeso
≥30,00 – Obesidad
≥40,00 – Obesidad grave

Esperamos que las futuras investigaciones se centren en encontrar herramientas de diagnóstico más precisas e inclusivas que sean adecuadas para todas las personas. Por ahora, es fundamental que las personas no se limiten a autodiagnosticarse, sino que acudan a médicos que puedan ofrecerles un análisis más exhaustivo de su estado de salud general.

Causas de la obesidad

La causa fundamental de la obesidad es un desequilibrio entre las calorías consumidas y las calorías quemadas. El cuerpo acumula grasa cuando almacena el exceso de energía, y este exceso de energía se produce cuando consumimos más calorías de las que quemamos.

Este desequilibrio entre el consumo y el gasto energético puede deberse a varias causas, entre ellas los trastornos genéticos, pero en la mayoría de los casos se debe a vivir en un entorno que permite y fomenta los bajos niveles de actividad física, el comportamiento sedentario prolongado y el consumo excesivo de alimentos ricos en energía.

La creciente disponibilidad de alimentos ultraprocesados, que contienen altos niveles de azúcares, sodio, grasas saturadas y refinadas

los hidratos de carbono son uno de los principales factores que contribuyen a la actual epidemia de obesidad.

A medida que los hábitos alimenticios a nivel mundial han cambiado en las últimas décadas, se ha producido un aumento en el consumo de alimentos con alto contenido en grasas y azúcares libres. También se ha producido un aumento de la inactividad física debido al carácter cada vez más sedentario de muchos tipos de trabajo, a los cambios en los medios de transporte y a la creciente urbanización.

Estos cambios en los hábitos alimentarios y de actividad física suelen ser consecuencia de los cambios ambientales y sociales asociados al desarrollo y a la falta de políticas de apoyo en sectores como la salud, la agricultura, el transporte, el urbanismo, el medio ambiente, la industria alimentaria, la distribución, la comercialización y la educación.

Las causas de la obesidad

Aunque una alimentación poco saludable y la falta de actividad física son factores de riesgo clave para la obesidad, las decisiones personales no son el único factor que determina el riesgo de una persona de padecer obesidad. Tampoco son el único factor que determina la alimentación de una persona y su nivel de actividad física.

Limitarse a decir a la gente que coma de forma más saludable y haga más ejercicio no resolverá la crisis de la obesidad, ya que esta suele estar determinada por factores que escapan a nuestro control, entre ellos factores biológicos, sociales, económicos y medioambientales. La biología y los genes de una persona pueden aumentar su riesgo de padecer obesidad; sus ingresos y el lugar donde vive pueden influir en su acceso a alimentos saludables, a una atención médica adecuada y a oportunidades para llevar una vida sana y activa; su entorno y sus experiencias vitales también pueden afectar a su salud mental y emocional, lo que, a su vez, puede aumentar el riesgo de que padezca obesidad.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, una alimentación saludable sigue estando fuera del alcance de hasta tres mil millones de personas en todo el mundo, debido al elevado coste de una alimentación saludable y a los altos niveles persistentes de desigualdad de ingresos.

En muchos países, se suele culpar a las personas que padecen obesidad de su enfermedad. El estigma relacionado con el peso sugiere que la obesidad se debe a un fracaso personal y atribuye a las personas que la padecen la responsabilidad de solucionar el problema. Esto puede perjudicar su bienestar físico y mental e impedir que busquen la atención médica necesaria.

Consecuencias de la obesidad

El sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo importantes para una amplia gama de enfermedades no transmisibles (ENT), entre las que se incluyen:

enfermedad cardiovascular
diabetes
hipertensión
trastornos musculoesqueléticos y dolor de espalda
algunos tipos de cáncer (de endometrio, de mama, de ovario, de próstata, de hígado, de vesícula biliar, de riñón y de colon)
trastornos hepáticos
trastornos relacionados con la salud mental

El riesgo de padecer estas afecciones suele aumentar con el IMC. Tanto en niños como en adultos, la obesidad también puede provocar estigmatización social y aislamiento, un menor rendimiento escolar y dificultades para encontrar y conservar un empleo.

Obesidad infantil

La obesidad infantil está relacionada con una amplia gama de complicaciones graves para la salud y con un mayor riesgo de aparición prematura de enfermedades asociadas. Puede tener un profundo impacto en el bienestar físico, social y emocional del niño. Los niños con obesidad corren un mayor riesgo de sufrir:

dificultades respiratorias
mayor riesgo de fracturas
hipertensión
trastornos metabólicos
marcadores tempranos de enfermedad cardiovascular
resistencia a la insulina
baja autoestima
otros efectos psicológicos

La obesidad infantil también se asocia a un mayor riesgo de obesidad, muerte prematura y discapacidad en la edad adulta, por lo que prevenirla y tratarla es fundamental para frenar la epidemia mundial de obesidad.

Prevención de la obesidad

El sobrepeso y la obesidad son, en gran medida, evitables y reversibles.

A nivel individual, reducir el riesgo de sobrepeso y obesidad suele implicar disminuir la cantidad de calorías que se ingieren procedentes de las grasas y los azúcares, aumentar el consumo diario de fruta, verdura, cereales integrales y frutos secos, y hacer ejercicio con regularidad. Hacer al menos 60 minutos de ejercicio la mayoría de los días de la semana te ayudará a mantener un peso corporal saludable.

Llevar una dieta sana y equilibrada

Llevar una dieta sana y equilibrada es fundamental para mantener el corazón y el sistema circulatorio sanos. Una dieta sana debe incluir una amplia variedad de alimentos frescos y sin procesar, entre los que se incluyen mucha fruta y verdura (al menos cinco raciones al día), cereales integrales, frutos secos y alimentos con bajo contenido en grasas saturadas, azúcares y sal. ¡Ten cuidado con los alimentos procesados, que suelen contener altos niveles de sal, y bebe mucha agua!

Hacer ejercicio

Basta con 30 minutos de actividad física de intensidad moderada, cinco días a la semana, para mejorar y mantener la salud. Los adultos (de 18 a 65 años) y las personas mayores (a partir de 65 años) deberían intentar realizar al menos 150 minutos de actividad física de intensidad moderada, o al menos 75 minutos de actividad física de alta intensidad, cada semana. Los niños y adolescentes deberían realizar al menos 60 minutos de actividad física de intensidad moderada a vigorosa cada día.

Intenta que el ejercicio forme parte de tu rutina diaria: sube por las escaleras en lugar de coger el ascensor, bájate del autobús unas paradas antes y recorre el resto del trayecto a pie. Mantenerte activo es también una forma estupenda de aliviar el estrés y controlar tu peso, que son dos factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

A nivel gubernamental, los responsables políticos pueden desempeñar un papel importante a la hora de garantizar que las personas tengan acceso a las herramientas que necesitan para llevar una vida activa y saludable. Los gobiernos pueden ayudar a las personas a tomar decisiones más saludables mediante la aplicación de políticas que hagan que la actividad física regular y las opciones alimentarias más saludables estén disponibles, sean asequibles y de fácil acceso para todos, incluidas las personas con los ingresos más bajos.

Algunos ejemplos de este tipo de políticas son:

  • Implantar un sistema de etiquetado obligatorio y fácil de entender en la parte frontal del envase
  • Limitar la cantidad de azúcar que pueden contener los productos alimenticios
  • Aplicación de un impuesto sobre el azúcar
  • Restricción de la comercialización de comida basura dirigida a los niños
  • Desarrollar espacios urbanos bien planificados que fomenten un estilo de vida activo

Crear entornos en los que una alimentación saludable y la actividad física regular sean la opción más fácil, accesible y asequible es fundamental para motivar a las personas a adoptar y mantener estilos de vida saludables y, a su vez, para reducir la carga mundial que suponen el sobrepeso y la obesidad.

La doble carga de la desnutrición

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 2.000 millones de personas en todo el mundo carecen de acceso regular a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente.

La doble carga de la malnutrición consiste en la coexistencia de la desnutrición y la sobrealimentación en todos los sectores de la población. Afecta principalmente a los países de renta baja y media, más de un tercio de los cuales están experimentando un rápido aumento de las tasas de obesidad, mientras que

seguir abordando el problema de la desnutrición, especialmente en las ciudades y entre las comunidades más pobres y vulnerables.

Para que las políticas contra la malnutrición en todas sus formas sean eficaces, es necesario entender la desnutrición y la sobrealimentación como dos problemas interrelacionados. Ambos son consecuencia de unos sistemas alimentarios que no logran proporcionar a todas las personas una alimentación saludable, segura, asequible y sostenible.

En colaboración con la Federación Mundial de la Obesidad

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